El diario argentino La Nación publicó una columna sobre la despedida de Lionel Messi de la selección, señalando que la era post-Messi para el combinado argentino está llena de incertidumbres.

Lionel Messi y Lionel Scaloni llevaron alguna vez a Argentina a alturas extraordinarias, pero ahora la selección está envuelta en una gran incertidumbre.
Todo podría haber sido completamente distinto si ese ataque en los últimos minutos de la final del Mundial hubiera terminado en gol. En ese momento, Messi firmó un pase brillante para Giuliano Simeone, quien centró el balón, y Germán Senesi llegó con un toque a bocajarro, pero la pelota se fue rozando el poste por centímetros. Si esa ocasión hubiera entrado, si el Mundial hubiera terminado con otro resultado, Argentina no estaría atravesando ahora tanta turbulencia. Lo más probable es que las conversaciones giraran en torno a si este equipo figura entre los mejores de todos los tiempos y quién podría desafiar su dominio.
La realidad no ofrece segundas oportunidades. Cuando el reloj marcó 119 minutos y 38 segundos, aquella jugada de ataque no logró cambiar el marcador y una era llegó a su fin. Tras el retiro oficial de Lionel Messi del fútbol internacional este lunes, sumado al futuro incierto del seleccionador Lionel Scaloni, los pilares de liderazgo de la selección, tanto dentro como fuera del campo, están al borde del colapso. Incluso para el parón internacional que llega en 21 días, el equipo todavía no ha cerrado rivales para los partidos de preparación.
Aunque Argentina estuvo a un paso de defender su corona mundial, hay que reconocer que no desplegó su mejor fútbol durante todo el torneo y dependió en exceso de Messi. Aunque todavía es pronto para hablar de una despedida definitiva, la Asociación del Fútbol Argentino trabaja a toda velocidad para organizar una ceremonia de adiós a la altura de su estatus.
Durante los últimos 22 años, casi todo en la estructura de la selección argentina giró en torno a Messi. Ahora todos deben adaptarse a la nueva realidad sin él. Ese cambio se nota no solo en el terreno de juego, sino también en lo económico. Una de las principales razones por las que la Asociación del Fútbol Argentino no ha podido cerrar los amistosos de septiembre es que los ingresos por la presencia del combinado nacional en los partidos han caído en picado sin Messi. Aunque la federación intenta organizar un partido de despedida para Messi, el tiempo apremia enormemente.
Argentina marcó 19 goles solo en este Mundial, con Messi aportando 8 tantos y 4 asistencias. Su enorme importancia habla por sí sola.

Más allá de la marcha de Messi, el contrato actual de Lionel Scaloni expira a finales de este año. Aunque ha dicho que cumplirá su acuerdo vigente, no hay claridad sobre si lo ampliará más allá de 2027. Se aprecian señales claras de desgaste tras su larga etapa al frente, y Scaloni considera que la plantilla necesita una reconstrucción total desde cero. Los capitanes Lionel Messi y Nicolás Otamendi han confirmado su salida, y otros veteranos de los dos últimos ciclos mundialistas probablemente no continúen, frenados por la edad avanzada, la pérdida de ritmo competitivo o problemas físicos persistentes.
Scaloni se encuentra actualmente en su casa de Mallorca. El plan original era reunir al núcleo del plantel mundialista para la concentración de septiembre, de modo que el equipo recibiera homenajes de la afición local en un Estadio Monumental lleno hasta la bandera. La federación también había contemplado partidos en el extranjero e incluso mantuvo conversaciones para jugar amistosos contra China y Uzbekistán, pero todos esos planes han quedado ahora en suspenso. Dado que las sanciones impuestas a Leandro Paredes y Nahuel Molina pueden cumplirse en amistosos, la AFA esperaba programar varios encuentros durante la ventana de septiembre, pero conseguir rivales se ha convertido en un gran obstáculo.
Esta situación deja a Scaloni en un dilema. Se muestra reacio a alinear a muchos veteranos a punto de marcharse en numerosos partidos de preparación, sabiendo que una gran renovación de la plantilla es inminente.
Recomponer un equipo tras alcanzar la gloria suele ser más difícil que reconstruirlo desde un punto bajo. Aunque Argentina llegó hasta la final del Mundial, su rendimiento general fue discreto durante amplios tramos, con las extraordinarias acciones individuales de Messi cargando con frecuencia al equipo. Sufrieron para imponerse a varios rivales de menor nivel, y la diferencia mostrada ante España en la final sirvió como una seria llamada de atención para Scaloni. Los informes indican que Scaloni regresará a Argentina en las próximas semanas para mantener una reunión cara a cara con el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y decidir su propio futuro.
Si Scaloni opta por dimitir, el sistema de selección construido durante ocho años afrontará una desmantelación total. Esto significa mucho más que nombrar a un nuevo seleccionador; implica reconfigurar todo el cuerpo técnico, los métodos de entrenamiento, los mecanismos de seguimiento de jugadores y las vías de conexión entre el combinado absoluto y las categorías inferiores.
La salida de Messi también tiene implicaciones políticas. Durante años, el estatus global de Messi elevó la imagen de la selección y consolidó la posición de Claudio Tapia dentro de la federación. Queda por ver si la influencia de la Asociación del Fútbol Argentino en la política futbolística mundial disminuirá sin la superestrella.
Ha comenzado una era completamente nueva en el plano competitivo. Todo debe redefinirse: los planteamientos tácticos, quién heredará el icónico dorsal 10 y quién llevará el brazalete de capitán. ¿Quién asumirá el liderazgo? ¿Serán figuras consolidadas del primer equipo como Cristian Romero, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Lautaro Martínez, o seguirán al frente viejos aliados de Messi como Leandro Paredes y Rodrigo De Paul?
Como una de las selecciones coanfitrionas del Mundial de 2030, Argentina ya tiene el billete asegurado y puede que ni siquiera necesite disputar la fase de clasificación. Eso significa que el próximo gran torneo absoluto para Argentina no llegará hasta la Copa América de 2028.
Para una selección acostumbrada durante años a la estabilidad y a los éxitos sobresalientes, el camino por delante está lleno de incógnitas.




